El sentido y órganos de la audición se desarrollan en el ser humano durante el periodo de gestación. Al finalizar el primer mes de vida intrauterina, comienza lentamente la formación de este sistema y si el proceso de crecimiento y maduración del sistema auditivo culmina de forma exitosa, el bebé nacerá con un oído externo, medio e interno junto a sus vías auditivas superiores, listas para enfrentarse a un nuevo mundo sonoro.
A través de este sistema, los niños y niñas percibirán los sonidos externos y con el paso del tiempo comenzarán a dar un significado a estos estímulos, de tal manera, que su cerebro que aún está en desarrollo, comenzará a absorber esta información y creará nuevas redes neuronales que le permitirán, entre otras funciones, conocer y desarrollar su voz, lenguaje y habla. Es por ello, que la audición y el desempeño lingüístico y comunicativo de los niños están íntimamente ligados.
Entre los 0 y 3 meses de edad, los bebés atienden a los estímulos acústicos y vuelven su cabeza hacia la fuente sonora, reconocen su propia voz, por lo cual balbucean, murmuran y emiten otros sonidos. Entre los 3 y 6 meses de edad, siguen con la mirada un objeto sonoro, comienzan a balbucear diciendo “pa, ba, ma”, se ríen y realizan sonidos guturales en respuesta al adulto durante el juego. Entre los 7 y 12 meses atienden a las palabras conocidas, responden a órdenes cómo “toma, ven”, balbucean “mamama, papapa” y entre los 12 y 18 meses (o antes) aparecen las primeras palabras. Por lo tanto, para poder desarrollar su lenguaje los niños y las niñas necesitan escuchar claramente a las demás personas y a su entorno, como también a sí mismos.
Es por esta razón que es de suma importancia pesquisar tempranamente cualquier alteración a nivel auditivo, para poder así, atender de forma temprana otorgando las herramientas necesarias para disminuir el impacto de un déficit auditivo en el desarrollo y aprendizaje de los niños.
Durante la infancia es común que los niños cursen con otitis frecuentes, por lo cual es importante estar atentos a síntomas cómo dolor de oídos, fiebre, expulsión de líquido fuera del oído, entre otros, ya que es necesaria la atención temprana por parte de un médico general u otorrinolaringólogo, quien recetará medicamentos adecuados para el tipo de infección y edad del menor. Es importante no incurrir en prácticas caseras, que en algún un momento se creyeron efectivas. Por ejemplo, poner gotas de agua oxigenada u otro líquido dentro del oído, ya que antes de hacer cualquier tratamiento es necesario realizar una evaluación y conocer el estado del oído, pues estos líquidos no recetados pueden agravar una infección. De igual forma, no se debe realizar el popular “cucurucho de papel” ya que esta práctica, no sólo puede causar una quemadura externa, en cara, oído o cabello, si no que, provoca un aumento en la presión dentro del oído pudiendo perforar el tímpano, lo cual inicialmente liberará la presión y puede calmar el dolor, pero la membrana timpánica quedará perforada.
Se debe procurar que los niños no introduzcan ningún objeto extraño dentro de sus oídos, tales como, lápices, juguetes, fósforos, objetos pequeños u otros, para evitar provocar lesiones en el oído y dejar algo atorado allí. De ser así, es necesario acudir a un especialista para que evalúe la situación y retire el objeto que esté dentro del oído.
Es importante mencionar, que tampoco se deben introducir cotonitos para limpiar los oídos ya que estos en lugar de sacar el cerumen, solo lo empujan hacia el interior generando “tapones de cerumen” los cuales ocluyen el conducto auditivo y generan sensación de oído tapado, disminución de la audición y picazón, estos tapones serán retirados sólo por un profesional capacitado. La limpieza del oído debe ser realizada con una toalla húmeda introduciendo el dedo hasta donde se pueda, idealmente sólo en la parte externa o visible del oído, ya que este es capaz por sí solo de llevar el cerumen hacia el exterior.
De igual forma, se debe procurar no exponer a los niños a altos niveles de ruido provocados por equipos de música, televisión, ruidos ambientales o por el uso de audífonos a alta intensidad, ya que estos generan pérdida auditiva. Para finalizar, es necesario destacar que los cuidados antes mencionados, no sólo deben ser aplicados en los niños, si no que son necesarios en todas las edades.


